El día antes, a eso de las 11 de la noche me decidí a embarcarme en este plan, cuyo primer requisito era levantarse al día siguiente a las 8 de la mañana. El segundo requisito era ir con 3 chicas, yo el único "hombretón" hasta que al medio día llegara otro compañero de la residencia que al final no pudo venir. Total, yo solo con 3 chicas, 2 días. Además, nuestro grupo era un crisol. Una Gallega que vive en Francia, una eslovena amiga suya que no habla mucho español, una "Cerdeñana" muy maja y un poco loca y yo, un paletillo de un pueblillo de apenas 4000 personas del norte de Madrid. Con este plantel, no podía ir nada mal. Llegamos a Isla Negra a eso de las 11, casi 12 y nos despertamos de verdad cuando vimos la casa de Pablo Neruda. Es increíble, como el pequeño cajón de un gigante que ha ido recogiendo cosas de todas las partes del mundo. Todas especiales, todas con su historia oculta, con toda con magia. Desde la colección de botellas o quillas de barco a la colección de conchas seleccionadas de todo el mundo, e incluso un gran cuerno de narval de casi 2 metros de largo.Fue como un sueño muy bonito. Luego tomamos un bus para Valparaíso en una parada sacada de la imaginación de algún joven borracho, mitad plastilina de colores, mitad botellas vacías incrustadas.Cuando llegamos a Valparaíso, casi sin apenas habernos bajado del bus nada más llegar, una mujer de mediana edad, nos recogió para ofrecernos una casa en la que dormir aquella noche. Entre 3000, y 4000 pesos cada uno. (Entre 4 y 5€)Al final fuimos a casa de la vecina, que tenía sitio para que durmiéramos los 4. Una amplia y dulce mujer comunista llamada María que estaba bailando cueca (baile típico chileno) con su hija. Ambas animadas por un poco de vino(o quizá mucho...)
Tras dejar las mochilas y escuchar atentamente los consejos de madre e hija, nos apresuramos a descubrir “Valpo”.Fuimos al muelle a ver la ciudad y sus cerros donde cada casita se transformaba en una pequeña luz, y todas juntas en una manada de luciérnagas que nos envolvían la vista. Luego fuimos al centro, a buscar los sitios que nos habían dicho las féminas para poder comer. Al final fuimos al Cinzano, un bar de finales del siglo XIX, y que estaba hasta el techo de recuerdos. Comimos la comida típica de la ciudad, la Chorillana, y que consistía en huevo, chorizo, patatas, salchichas y cebolla, todo frito. Todo esto acompañado por 2 vasitos de cerveza negra. Tras llenar la barriga fuimos a bailar, primero a un bar pop-gay-siniestro-guay-raro, donde había un ambiente especial y que no estaba muy acorde con nuestra idea de fiesta. Estuvimos allí hasta las 12.30, cuando fuimos a "El Proa", un sitio que simulaba un barco y donde al principio casi éramos los únicos clientes. Pero el bar se fue llenando hasta estar abarrotado. Tras calentarnos con algunas cervezas y un apropiado "Señor del 3" nos animamos bastante y empezamos a bailar, desde Ska-p a música típica chilena pasando incluso por Café Quijano (¿?).Total, la noche para nosotros terminó a las 4.30, más o menos. NO pienso contar más detalles... Por la mañana abrimos los ojos por primera vez a las 10, pero no salimos de la casa hasta casi las 12 y fuimos a la parte más alta de la ciudad, donde están los cerros. A estos cerros se puede subir por ascensores, pero ya que estábamos de resaca y tan cansados decidimos subir a pie. En realidad fuimos a pie para ver mejor todas las casitas, cada una con un color y una forma propia.Cuando íbamos a ir a otro cerro, a eso de las 4 y algo, vimos un taller de payasos, y claro, metimos las narices, para ver de que iba. Tuvimos la suerte que la única función del día empezaba a las 16.30. Perfecto. Además tuve la gran suerte de que este payaso da clases de clown en Santiago... jejeje, ya tengo otra actividad más. Tras reírnos con este artista y despertarnos por fin, le pedí su número por si en el futuro me entraban ganas de hacer el payaso oficialmente cuando volviera. Tomamos un bus y fuimos hasta una parte que se llamaba Aduana, en el pie del cerro que estaba más al Sur. Cogimos un ascensor, y en la parte más alta, donde más bonito estaba todo, nos entretuvimos tomando algo. Cuando nos dimos cuenta de la hora (7 y algo), pensamos que ya era hora de volver, que a lo mejor había algún problema para coger los billetes de autobús para Santiago. Fuimos a por las mochilas a la casa comunista, nos despedimos de la madre, del cuadro de Allende, de los Beatles, del Che, y después de eso, fuimos andando a la estación, que estaba a apenas 3 cuadras (calles.)A las 8.30 tomamos el bus y partimos hacia la capital. Por cierto, aunque no las haya nombrado mucho, las chicas eran majísimas. Eran Susana, Danila, y Tadeja que tenía un nombre muy dificil. Hubo muy “buena onda" desde el principio, y todos teníamos parecidas intenciones y gustos. En definitiva, un placer. De verdad. Fue un viaje casi mágico, cansado pero reparador, que sana en parte una especie de lenta rutina que ya me estaba entrando al estar 2 semanas en Santiago. Bueno, espero que esta especie de Crónica de viaje os haya gustado. Besos y abrazo